Los cambios en la gestión de gobierno pueden ser rápidos y drásticos aun a costa de la violencia, esta actitud del político es maximalista. Los cambios hechos con cierta didáctica, con paciencia para esperar la comprensión no sólo de los integrantes de la sociedad, sino de los que ven acrecentada su fama y fortuna por el estado actual de las cosas son los minimalistas, quienes piensan que las reformas negociadas son mejores, por ser casi siempre incruentas.
La sociedad está viva, cada uno de sus integrantes cambia de parecer y muda de apetencias, ello obliga a que los gobernantes hagan las mismas modificaciones con ritmos parecidos de lo contratio, sino cambian, serán removidos por la vía minimalista o la vía maximalista.
El edén del maximalista es la revolución, en tanto que el minimalista se siente confortable en las negociaciones, aun en las democracias (o cambios relativos activados por las preferencias de las mayorías). El maximalista quiere el poder y pronto, por ello los autoritarismos suelen llegar al poder por la vía de la revolución. También suponen que sólo pueden ser removidos por la misma vía.
El minimalista adquiere el poder de a poco, y piensa que debe esforzarse en las negociaciones para lograrlo, por ello también espera perderlo de la misma manera, poco a poco. Ambos suponen que serán recordados con cariño y elevados a la veneración... se someterán, quiéranlo o no al juicio de la historia, de donde se les elevarán altares y momumentos en algún momento y serán derribadas sus efigies en algún otro tiempo.
La dicotomía minimalista- maximalista sólo habla del empeño y la velocidad con la que se desea el poder, la capacidad de gobernar un estado (país, nación, territorio, población y leyes)
lunes, 9 de junio de 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)