Los diversos puestos que se disputa la clase política en estas elecciones denominadas "intermedias", han descendido a la frivolidad; Mas allá de atender las ya añejas omisiones de la legislación vigente, la promoción y las entrevistas de los contendientes se centran o la elegibilidad del contrario, en la seducción de algún grupo del electorado o en la advertencia de el grave error de elegir al perverso (que entiendo por los mensajes que alguno de los "otros")
La agenda legislativa debiera contemplar el régimen de los sindicatos. Tanto los salarios de sus representantes, como la duración en sus cargos; las partidas especiales para las organizaciones como PEMEX, CFE, L y F, etcétera está en un proceloso mar de códigos, leyes que facilitan las prácticas corruptas. De igual manera la materia mercantil finalmente no facilita ni la competencia, ni la creación de empresas y por otro lado existen absurdos en la representación de las autoridades, por ejemplo el ministerio público que imparte justicia como un juez, pero es empleado del ejecutivo o la misma representatividad de los jueces.
La agenda municipal, estatal y las delegaciones debiera resultar obvia, en lugar de garantizar infraestructura y servicios, los candidatos se devanan el cerebro para hacer ofertas fuera de sus áreas de responsabilidad. Así no es raro que ofrezcan realizar actividades que debieran realizar organizaciones sin fines de lucro.
La intelectualidad mexicana, decepcionada por el régimen anterior, sin esperanzas en el actual y defraudada por las ofertas de la oposición ha llegado a la ilustre conclusión de la necesidad de anular el voto. Ello además de absurdo es ridículo pues dejaríamos en manos de una minoría la definición de los representantes populares. Convendrá votar por el que nos sea más simpático o menos hórrido y no detener nuestra actividad tan solo en la participación electoral, sino dar algunos aventurados pasos en la interacción con estos representantes y autoridades a fin de que realicen actividades que realmente beneficien a la comunidad... están tan poco acostumbrados que muy probablemente los sorprendas.
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lunes, 1 de junio de 2009
lunes, 9 de junio de 2008
Minimalistas y maximalistas
Los cambios en la gestión de gobierno pueden ser rápidos y drásticos aun a costa de la violencia, esta actitud del político es maximalista. Los cambios hechos con cierta didáctica, con paciencia para esperar la comprensión no sólo de los integrantes de la sociedad, sino de los que ven acrecentada su fama y fortuna por el estado actual de las cosas son los minimalistas, quienes piensan que las reformas negociadas son mejores, por ser casi siempre incruentas.
La sociedad está viva, cada uno de sus integrantes cambia de parecer y muda de apetencias, ello obliga a que los gobernantes hagan las mismas modificaciones con ritmos parecidos de lo contratio, sino cambian, serán removidos por la vía minimalista o la vía maximalista.
El edén del maximalista es la revolución, en tanto que el minimalista se siente confortable en las negociaciones, aun en las democracias (o cambios relativos activados por las preferencias de las mayorías). El maximalista quiere el poder y pronto, por ello los autoritarismos suelen llegar al poder por la vía de la revolución. También suponen que sólo pueden ser removidos por la misma vía.
El minimalista adquiere el poder de a poco, y piensa que debe esforzarse en las negociaciones para lograrlo, por ello también espera perderlo de la misma manera, poco a poco. Ambos suponen que serán recordados con cariño y elevados a la veneración... se someterán, quiéranlo o no al juicio de la historia, de donde se les elevarán altares y momumentos en algún momento y serán derribadas sus efigies en algún otro tiempo.
La dicotomía minimalista- maximalista sólo habla del empeño y la velocidad con la que se desea el poder, la capacidad de gobernar un estado (país, nación, territorio, población y leyes)
La sociedad está viva, cada uno de sus integrantes cambia de parecer y muda de apetencias, ello obliga a que los gobernantes hagan las mismas modificaciones con ritmos parecidos de lo contratio, sino cambian, serán removidos por la vía minimalista o la vía maximalista.
El edén del maximalista es la revolución, en tanto que el minimalista se siente confortable en las negociaciones, aun en las democracias (o cambios relativos activados por las preferencias de las mayorías). El maximalista quiere el poder y pronto, por ello los autoritarismos suelen llegar al poder por la vía de la revolución. También suponen que sólo pueden ser removidos por la misma vía.
El minimalista adquiere el poder de a poco, y piensa que debe esforzarse en las negociaciones para lograrlo, por ello también espera perderlo de la misma manera, poco a poco. Ambos suponen que serán recordados con cariño y elevados a la veneración... se someterán, quiéranlo o no al juicio de la historia, de donde se les elevarán altares y momumentos en algún momento y serán derribadas sus efigies en algún otro tiempo.
La dicotomía minimalista- maximalista sólo habla del empeño y la velocidad con la que se desea el poder, la capacidad de gobernar un estado (país, nación, territorio, población y leyes)
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